Constantemente
los seres humanos estamos emitiendo juicios de valor acerca del comportamiento propio
o de los demás. Decimos que algo es “bueno” o es “malo”, y de esa manera casi
sin pensar clasificamos a las personas y a sus acciones. Estos juicios valorativos
nacen de la educación ética que hemos tenido en el seno de nuestra familia y en
los primeros años de socialización escolar. Ante esto cabría hacerse muchas
preguntas: ¿Son realmente nuestros criterios valorativos los más válidos
racionalmente hablando? ¿Somos conscientes de los criterios ideológicos que están detrás de nuestras acciones y
juicios?
Por otro lado, y especialmente en nuestra realidad
colombiana, vivimos una época de crisis de valores que se evidencia en dos
tendencias contradictorias: por un lado la intransigencia y la intolerancia con
la manera de pensar del otro que ha llevado a actitudes violentas, a la
resolución inadecuada de conflictos por vía de la imposición y la fuerza y no
por las vías del diálogo. Y sentido contrario la tendencia a justificar todo
acto propio desde el propio bien, relativizando de esta manera lo que se considera
bien o mal según cada caso. Habría que preguntarse entonces si hablar de ética
implica un criterio único y definitivo, y si es así: ¿De dónde procede la norma
ética? ¿Quién determina lo que es correcto o lo que no es correcto hacer?
Estos y algunos
otros interrogantes serán resueltos desde el punto de vista de la ética
general, para que el estudiante de cualquier profesión, en un segundo momento
de este curso pueda reflexionar sobre casos prácticos y problemas propios que
tiene que enfrentar el profesional de esta rama en su ejercicio profesión.
Todo lo
anterior estará orientado y transversal por un enfoque de tipo histórico y
pedagógico que conduzca hacia el horizonte de una ética ciudadana o una ética
cívica apropiada a nuestro tiempo, enmarcado en una sociedad informatizada.
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